30 noviembre 2007

La venganza de los Sith: Benedicto ha vuelto...

Vade Retro Hereje Ateo Marxista Comunista...


El papa Benedicto XVI ha lanzado al mercado una nueva encíclica llamada Spe Salvi (en esperanza fuimos salvados), en la que profundiza su mirada neoconservadora del Catolicismo. Esta encíclica es la continuación lógica de la instauración del Infierno como un lugar concreto en el que van los que desobedecen a Dios.

Además, condena cualquier esfuerzo humano en la búsqueda de la libertad, si tal búsqueda no está enmarcada en la fe en Dios:

"El cristianismo no traía un mensaje socio-revolucionario como el de Espartaco que, con luchas cruentas, fracasó. Jesús no era Espartaco, no era un combatiente por una liberación política como Barrabás o Bar-Kokebá. Lo que Jesús había traído, habiendo muerto Él mismo en la cruz, era algo totalmente diverso: el encuentro con el Señor de todos los señores, el encuentro con el Dios vivo y, así, el encuentro con una esperanza más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud, y que por ello transforma desde dentro la vida y el mundo."

La preeminencia de la fe en Dios por encima de las relaciones de clase está ejemplificado en éste párrafo en donde vemos con claridad la concepción inmovilista de la sociedad propugnada por Benedicto XVI:

"Los hombres que, según su estado civil se relacionan entre sí como dueños y esclavos, en cuanto miembros de la única Iglesia se han convertido en hermanos y hermanas unos de otros: así se llamaban mutuamente los cristianos. Habían sido regenerados por el Bautismo, colmados del mismo Espíritu y recibían juntos, unos al lado de otros, el Cuerpo del Señor. Aunque las estructuras externas permanecieran igual, esto cambiaba la sociedad desde dentro."

Y la doctrina nacionalista católica asomando entre los pliegues de una retórica aparentemente irrefutable:

"¿Acaso no hemos tenido la oportunidad de comprobar de nuevo, precisamente en el momento de la historia actual, que allí donde las almas se hacen salvajes no se puede lograr ninguna estructuración positiva del mundo?"

Aparece Marx en la Encíclica, criticado desde una postura previsible, volviendo a poner las cosas al revés: no son las condiciones materiales las que producen la filosofía, sino todo lo contrario:

"El error de Marx no consiste sólo en no haber ideado los ordenamientos necesarios para el nuevo mundo; en éste, en efecto, ya no habría necesidad de ellos. Que no diga nada de eso es una consecuencia lógica de su planteamiento. Su error está más al fondo. Ha olvidado que el hombre es siempre hombre. Ha olvidado al hombre y ha olvidado su libertad. Ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su verdadero error es el materialismo: en efecto, el hombre no es sólo el producto de condiciones económicas y no es posible curarlo sólo desde fuera, creando condiciones económicas favorables."

La Edad Media vuelve a estar entre nosotros a caballo de este argumento: la política debe estar bajo la vigilancia de la religión.

"Pero ¿cuándo domina realmente la razón? ¿Acaso cuando se ha apartado de Dios? ¿Cuando se ha hecho ciega para Dios? La razón del poder y del hacer ¿es ya toda la razón? Si el progreso, para ser progreso, necesita el crecimiento moral de la humanidad, entonces la razón del poder y del hacer debe ser integrada con la misma urgencia mediante la apertura de la razón a las fuerzas salvadoras de la fe, al discernimiento entre el bien y el mal. Sólo de este modo se convierte en una razón realmente humana. Sólo se vuelve humana si es capaz de indicar el camino a la voluntad, y esto sólo lo puede hacer si mira más allá de sí misma. En caso contrario, la situación del hombre, en el desequilibrio entre la capacidad material, por un lado, y la falta de juicio del corazón, por otro, se convierte en una amenaza para sí mismo y para la creación."

De nuevo, el mundo está condenado:

"Por tanto, no cabe duda de que un « reino de Dios » instaurado sin Dios –un reino, pues, sólo del hombre– desemboca inevitablemente en « el final perverso » de todas las cosas descrito por Kant: lo hemos visto y lo seguimos viendo siempre una y otra vez."

El mundo sin Dios no tiene esperanza:

"En este sentido, es verdad que quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida"

Y por último, vida es vida con Dios. Sin Dios la vida no es vida realmente:

"La vida en su verdadero sentido no la tiene uno solamente para sí, ni tampoco sólo por sí mismo: es una relación. Y la vida entera es relación con quien es la fuente de la vida. Si estamos en relación con Aquel que no muere, que es la Vida misma y el Amor mismo, entonces estamos en la vida. Entonces « vivimos"

Esta encíclica es otro paso en la dirección que la estrategia del Vaticano ha formulado para luchar contra la pérdida de fieles y por tanto, la consiguiente pérdida de poder, sobre todo en los países centrales: la huida de los católicos hacia el ateismo u otras religiones se debe a la laxitud que se impuso al Catolicismo luego del Concilio Vaticano II.
Y pese a que Benedicto insiste en que su doctrina mantiene vigentes las tesis del Concilio, la realidad demuestra lo contrario.

Marcelo Fernández Olivares

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2 comentarios:

Pablo dijo...

Bueno, al menos, en la última cita denota cierta percepción dialéctica... extrañamente dialéctica.

Anónimo dijo...

Tal cuál. Es casi dialéctico. La verdad es un avance.